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viernes, 25 de marzo de 2011

Luna Roja


Lune

Salió a comer papas fritas y beber de los barriles. En chaqueta y en modo Rey Lagarto encendió las luces e invocaba palabras que hacían eco en las paredes. Entendió que los mutantes le fallaron el día de la luna roja.

Al caminar y caer de nuevo la niebla… se encontró solo y anheló aquellos días de años bisiestos y lluvias de abril. Días de reinventos con gafas azules, paraguas transparentes y garúa asolapada. Escuchaba de nuevo… Que de entre todos, ella susurraba: podían existir días a los que puedes llamar como quieras, un Navideath, lleno de murciégalos, conejos y Chewbaccas con luces...

Pero ahora, cuando sus ojos y los susurros no están, él yace perdido y solo existen a diario las noches de luna roja. Y en el silencio de la obscuridad busca, siempre, aquellos ojos frágiles que hacen posible lo imposible, y comienzan con su color, como gotas de lluvia sobre las hojas...


miércoles, 29 de septiembre de 2010

Perdiendo sintonía...



Es ya algo tarde… Había casi olvidado lo tranquilas que resultaban ser las madrugadas cuando uno está sólo… Mientras en general pareciera que las cosas más importantes sólo ocurren de día. Existe un momento en que el aire pareciese detener su agitación. Como si empezara el ordenamiento de todos sus átomos en un descanso inevitable y tan necesario para todo.

El silencio. La quietud de algunas horas que parecieran unirse y pertenecer solo a un momento, un instante que se extiende y parece interminable pero acogedor. Los pasos adquieren esa sonoridad casi desconocida ya por los habitantes diurnos. Las hojas de los libros avanzan, pesadas en su caída contra la tapa anterior. Y puedo volver y retomar cosas olvidadas en el transcurso del tiempo.

Una la sala. Algo grande para mi gusto, aloja esa tranquilidad fugaz que acompaña y que ni los susurros pueden entregar. Un lugar donde los relojes de péndulo resuenan en la tranquilidad de un salón vacío, en donde al parecer las sombras, entre luces tenues y puertas entornadas, juegan conmigo. Sueltas en la única parte del día en donde son realmente libres...

En donde somos realmente libres…



lunes, 7 de diciembre de 2009

B-side alone



Siempre había tenido en cuenta que el hecho de escribir seguido era una actividad gratificante, algo que uno podría hacer sin mucho que pensar, un evento feliz. Al mismo tiempo que uno dice las cosas que piensa o le gustaría pensar, podría tal vez mostrar mensajes a personas que sé nunca me entenderán de esta forma, que quizá no se darían nunca el trabajo de leerme o que simplemente ya no están más.


Pensando un día de que entre muchas cosas tal vez nos quedaba la soledad como nuestro mutuo y último regalo, empecé a caminar sola, llevándome eso de ti conmigo, nunca habías sido exactamente lo que yo esperaba, o tal vez es solo lo que quiero pensar en este momento. Pero ahora que nuestras miradas traspasan nuestras habitaciones y sus vitrales sin ninguna dirección, reconozco que después de todo -sin disimular más- no fue tan malo. Tal vez no habrías podido encontrar eso que algunos llaman cierta luz o viento a tu favor, tal vez me perseguirías una vez más bajo las sombras de árboles solitarios en la tarde o intentarías de nuevo correr y tomar mi mano entre escaleras empinadas y calles vacías en la noche.

Ayer, me encontré frente a la duda de tu mirada, tu melancolía que creaba huidas al no hallarlas. Pasos de largo, caminatas rápidas sin dirección y entre la gente la inesperada sensación de tu curiosidad. No quieres saber más de mí y no sé si lo entienda del todo. No quieres saber más de mi y ni tú, ni yo podemos hacer nada en contra de eso.

Pero esta noche me vestiré de fiesta, tomaré mi paraguas y saldré a buscar tu silueta... alguna sombra perdida y pensativa. Fingiré que él me reconoce y lo convertiré en auténtico. Aunque no lo sabes, él es casi una sombra triste, solo necesito que olvide que no es mío, que olvide lo suyo, solo necesito que olvide quién era... Le pediré que exhale a suspiros lentos y entonces, solo entonces, será auténtico...

Cada día un poco más despacio pero sin embargo, siempre vuelvo a comenzar.

Inesperada sensación... Lo de ahora, lo de siempre, todo junto me hace delirar.



Mariella de Avellaneda